Analía
Hacía body pump y otras clases, y no conseguía perder los kilos. En un mensaje me escribió que pesa 14,200 kg menos
que cuando me conoció, sin haberme privado de (casi) nada
.
Esto no es para empezar a entrenar. Es para cuando ya entrenas, ya comes bien y no se nota.
Míralo hasta el final: te cuento por qué no se nota, y no es por floja.
Cuando termines, reserva tu valoración conmigo.
Una videollamada tú y yo: miramos lo que comes y cómo entrenas, y te digo qué pieza te está fallando.
El vaquero que hace un año cerraba sin pensarlo hoy solo cierra si haces apnea. Y vuelve al fondo del armario.
Ni pan, ni pasta, ni arroz. Y a las cinco, las galletas de la máquina de la oficina.
Body pump, pilates, funcional, crossfit, la sala o tus mancuernas en el salón: sales empapada tres tardes por semana. Y en el espejo del vestuario, la misma de marzo.
Otra vez te pones detrás.
Y es el tercer lunes del mes.
comer todavía menos, meter otra clase. Y que el cuerpo responda igual, o peor.
Cuando quitaste los hidratos y empezaste las clases, funcionó: pasaste de no hacer nada a hacer algo. Pero el cuerpo se acostumbra a esa comida y a esa clase, y deja de responder.
Y claro, como nadie te ha enseñado a ajustar ni a progresar, te queda una sola bala: apretar más.
Son parches, piezas sueltas. Y tu cuerpo solo cambia cuando van juntas.
Lo que más te va a sorprender: el cambio no empieza comiendo menos. Empieza comiendo lo suficiente. Y no empieza entrenando más, sino entrenando para progresar en vez de para cansarte.
Hoy comes poco, y por eso a las cinco picas. No es falta de voluntad: es hambre. Así que lo primero es comer lo suficiente, con cantidades sobre tus platos de siempre, lo mismo que come tu familia. Sin táper aparte, sin batidos y sin convertir la casa en una farmacia.
Lo primero que notas: menos hinchazón, más saciedad y adiós a las galletas de las cinco.
Con el plato en su sitio, tu cuerpo ya tiene con qué responder. Y coger pesas no es lo mismo que progresar con ellas. Entrenas fuerza tres horas a la semana, en el gimnasio o en tu salón, y la carga progresa contigo.
Ahí la tripa empieza a bajar y el cuerpo coge forma.
Tu cuerpo se va a volver a acostumbrar. Siempre lo hace. La diferencia es que esta vez alguien lo mide cada semana, con peso, medidas y fotos, y mueve algo cada lunes.
Y por el camino aprendes a llevarlo tú: la cena con amigas, las vacaciones, las comidas fuera.
Y el orden importa.
Soy Sandra Matías, dietista y entrenadora a la vez. Y eso importa por una razón: controlo todas las variables, no solo una.
Yo sé lo que comes y sé lo que entrenas, y lo ajusto contigo cada semana.
Y lo sé desde dentro, porque fui mi propia clienta. Le había cogido tanto el gustillo al gimnasio que hacía dos clases al día, en casa se comía sano y mi cuerpo no cambiaba. Llegué a pensar que era mi destino.
Años después, de animadora en un camping, comiendo patatas fritas, nuggets y paninis a todas horas y moviéndome todo el día, mi cuerpo cambió solo. Así que sí podía cambiar: me faltaban las herramientas.
Después vino la «profesional» de la dieta brutal:
Por eso me formé:
Mis chicas dicen de mí que estoy pendiente de ellas, que soy natural y que nunca les regaño.
A veces toca una colleja y a veces un abrazo. Aquí no se regala nada, pero con alguien al lado el camino es mucho más fácil.
Hacía body pump y otras clases, y no conseguía perder los kilos. En un mensaje me escribió que pesa 14,200 kg menos
que cuando me conoció, sin haberme privado de (casi) nada
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Venía de un entrenador que no le hacía caso y de hacer ayunos, y cada vez se veía peor. En cuanto juntamos la comida y el entreno, empezó a bajar. Y lo que más se le nota es la piel.
Deportista toda la vida, comía lechuga y pechuga, no se veía bien y se había resignado a que fuera la genética. Ahora come muchísimo más que antes, disfruta de su forma de vida y se reconoce: está fuerte y con energía.
Esto es como cualquier relación: tiene que ser cosa de dos, para lo bueno y para lo malo.
Si te encaja, hablamos.
Porque nos sentamos tú y yo a mirar tu caso, el tuyo.Lo que comes de verdad, cómo entrenas, desde cuándo y qué has probado ya. Y en cuanto me lo cuentes, ya te voy a poder decir qué pieza te está fallando.
Porque es una valoración, no una llamada de ventas.Si veo que te puedo ayudar, te cuento cómo trabajaríamos. Y si veo que ahora no es tu momento, también te lo digo. Las dos cosas están bien.
Porque cada mes así es otro mes de cuota, de clases y de esfuerzo que no se nota.Y merece la pena entender por qué antes del próximo «a partir del lunes».